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Haskooel

"Soy
el sirviente mas leal de Chidori-sama, tengo que tener cuidado" Pensaba
un muchacho joven mientras se encaminaba a un habitáculo totalmente
escuro cuya puerta se encontraba entreabierta. Toco 3 veces a la puerta
y una voz agravadisimamente ronca pronuncio unas palabras desde las
profundidades del habitáculo:
-Pasa, deja los botes de pintura en la esquina de esa mesa.
El
sirviente entro en la habitación, en la que apenas se veia nada.
Andando a pasos muy cortos, sin comprender como aquel Dios podia pintar
de alguna manera en aquel ambiente tan lúgubre. Deposito los 2 cubos
que portaba con sumo cuidado de no derramar nada.
-Traeme agua, 6 cubos, rápido!-le ordenó de nuevo el Dios.
El
Sirviente salio a toda prisa por la puerta, descendiendo unas escaleras
y finalmente saliendo a campo abierto. El gelido viento del acantilado
rozaba su rostro y le helaba los pulmones. A sus pies se encontraba la
villa, tan tranquila como siempre. Busco rapidamente los cubos de agua,
pero se dio cuenta de que como mucho podia llevar 2, y no los 6 que
pidio su amo. Al coger el primero, un estruendo sono en lo alto de
la fortificacion, donde se situaba su amo. Entonces comprendio que
debia darse prisa y llevarle los 2 cubos para luego regresar por los
demás. Cogio los cubos y se encamino veloz hacia la fortificacion,
subio las larguisimas escaleras y llego al habitaculo, jadeando sin
parar. Entro sin más dilación, irrumpiendo en la oscura sala.
-¡Rapido!-
Rugio el Dios, extendiendo la palma de la mano en ademan de necesitar
el cubo, sin volver la cabeza del lienzo de varios metros de alto. -¡Voy!-Se apresuro a decir, haciendo un esfuerzo brutal para llevar los 2 cubos a su señor.
Pero
en el camino que los separaba, el desgraciado sirviente tropezó, debido
a que no veia casi nada y derramó el cubo de agua en el lienzo.
-¿Que
has hecho? Rugió el Dios, y se volvio hacia él, mostrandole una máscara
de color óseo, con un particular rostro dibujado en ella, parecido a un
ave, y que tan solo poseia dos orificios para proporcionar visión.
El
pobre muchacho levanto la cabeza para examinar el enorme lienzo, en el
que una criatura azul marino, bellisima, comenzaba a deformarse a causa
del agua, cuyas gotas extendian sus extremidades y deformaban aquella
criatura.
-¡No quiero morir!- Rogó el sirviente - ¡Disculpame por favor, no lo volveré...! -No moriras... -susurró el Dios, con un deje de misericordia- Serás útil para la villa.
Levanto
su mano señalando hacia el joven sirviente y pronunciando unas frases
en un lenguaje desconocido el muchacho empezó a tomar la forma de la
pintura del lienzo. Al ver el desastre que sucedia ante sus ojos, miro
a el Dios con temor mientras podia sentir una respiración directamente
desde los pulmones, y sus extremidades se alargaban, quedando un ser
desproporcionado, de un tono azulado, con enormes garras en los dedos
unidos entre si por una fina membrana de piel humeda.
-Ya no me
servirás a mi- continuo el Dios, y de un salto le arrancó un trozo del
costado, que comenzó a regenerarse rapidamente- servirás a quien arroje
una gota de tu propio cuerpo a la tierra, y de la cual brotaras.
Serviras para defender a la villa, tanto que lo deseabas con anhelo
desde que eras un crio. -¡Pero soy espantoso! Y mi cara ha sido totalmente transformada... -No
te preocuopes, tienes garras para poder desgarrar a cualquier enemigo,
y tu rostro- introdujo su mano en su enorme capa negra y saco una
pequeña Máscara, la cual coloco sin el menor esfuerzo a la horripilante
criatura- quedara oculto bajo esta máscara. -Gracias, ¡podre cumplir
mi sueño de batallar por la villa! ¡Ya no soy débil!-E intento hacer
una reverencia, pero tropezó y cayo de bruces. -Tendras que
adaptarte a tu nuevo cuerpo. A partir de ahora olvidas tu nombre, habra
muerto ese chico debilucho relegado a servirme...
...y habrá nacido Haskooel, la criatura que esta villa guarda con el poder del elemento de agua!
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