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Eotheos, el vendaval alado En su día fue
el guerrero más venerado por sus aliados y el más temido por sus
enemigos, pero el éxito entre los suyos no era suficiente para sus
ansias de gloria. Una mañana cualquiera agarró su lanza y se fue,
abandonando a su clan a su suerte, dejando atrás mujer e hijos. Erró
durante años, haciendo de mercenario para ganarse el pan. Cuando ya
hacía 10 años de su deserción, a la edad de 35 años, se enteró de que
había un gran dragón que atemorizaba a una pequeña aldea. Con la
soberbia propia de un guerrero de tan alto orgullo se ofreció a luchar
contra el dragón con la única ayuda de su pica. Tras casi cinco horas
de combate, malherido, casi desangrado y con el astillado mastil de su
pica en la mano como única arma decidió que el no sería recordado como
el soldado que huyó de un dragón. Haciendo acopio de sus últimas
fuerzas saltó a la grupa del dragón e intentó degollarlo, pero la pica
se acabó de quebrar ante las duras escamas del dragón. Salió disparado
de un coletazo de la grupa de la fiera bestia, dio varias vueltas antes
de quedar tendido por abajo y con el sabor metálico de la sangre y la
imagen de unas fauces acercándose cerró los ojos y se despidió de la
vida...
Pero algo frenó al dragón, desde el suelo solo pudo ver unas botas negras con punta metálica y una gabardina roja ondenado.
-El dragón ha huido-dijo el misterioso guerrero con su gran espada negra apoyada en el hombro-. -¿Quién eres? -Has luchado bien, no todos le aguantan tanto a un dragón. -Gracias, pero me ha costado caro-dijo poniéndose boca arriba y escupiendo sangre-. -Te he estado observando-dijo el guerrero sacando una máscara de su gabardina-eras un gran soldado, ¿Quieres servirme? -Estoy moribundo, no te serviría por mucho. -Tú responde... -Claro, por que no...
El
Misterioso hombre le colocó la máscara y de repente la vida volvió al
cuerpo del guerrero. Los pedazos de su lanza se unieron y se
tranformaron en una lanza con el poder del viento. El soldado cogió la
lanza y una gran energía le sacudió , de repente, brotaron alas de su
espalda, alas de halcón, alas de orgullo.
-A partir de hoy serás conocido por Eotheos. -Eotheos, el vendaval alado-dijo éste, arrodillandose ante aquel soldado que le había conferido el poder-. -Estos humanos...siempre tan vanidosos...
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